Líneas temáticas

      1. La importancia de la escritura y el rol del escritor
      2. La otredad de la naturaleza
      3. La naturaleza amenazada: el retorno a las cosmogonías amerindias
      4. Visiones otras ante la crisis de la naturaleza: las distopías del género Cli-Fi
      5. Nuevas narrativas del agua: naufragios y épicas del mar

     

1. La importancia de la escritura y el rol del escritor

Ante un conflicto humano del calibre de la crisis ecológica, se enciende en el intelectual comprometido una llama que le interroga sobre su propia utilidad. En este apartado, cabe preguntarse sobre las labores de resistencia que pueden desempeñarse con la pluma y la capacidad de la escritura de denunciar la masa verde que se extingue o la condición permanente de continente en extracción de América Latina. Los ecopoemas de Nicanor Parra («El error consistió / en creer que la tierra era nuestra / cuando la verdad de las cosas / es que nosotros somos de la tierra») o el activismo de Homero Aridjis y su defensa de las peregrinas mariposas monarca ponen de manifiesto la relevancia del papel ecobeligerante del escritor. Este punto, además, anima a un análisis del poder de la literatura como instrumento de transición desde la concepción del antropocentrismo moderno de cultura y naturaleza como elementos opuestos, hasta el restablecimiento de la conexión equilibrada entre ellos, del mismo modo que da cabida a un estudio de la relación de las letras y el surgimiento de una conciencia medioambiental y activista.

2. La otredad de la naturaleza

La dicotomía actual naturaleza/cultura ha estado presente en la literatura hispanoamericana desde sus inicios. La dualidad «mundo salvaje» y «mundo civilizado» fue constante en la literatura colonial y la oposición «civilización o barbarie» vertebraría la literatura del siglo XIX. Esta línea temática invita a volver la mirada a las numerosas obras literarias que fueron escritas concibiendo a la naturaleza como otredad y, así, analizar desde este prisma la literatura que versa sobre grupos marginales como los gauchos, los indígenas, colectivos poscoloniales o étnicos, e, incluso, sobre los propios animales. Frente a la actual crisis medioambiental, que ha exigido repensar la acción colectiva, se ha hecho necesario el estudio de la producción cultural a la luz de su contexto ecológico. El reto se presenta en la manera de acercamiento de una literatura local a temas medioambientales y cómo las formas literarias producidas desde localidades específicas arrojan luz sobre los asuntos medioambientales y demandan una teorización diferente, proponiendo, por ejemplo, una relectura ecologista.

3. La naturaleza amenazada: el retorno a las cosmogonías amerindias

Desde las primeras crónicas de Indias, la naturaleza exuberante de América Latina ha sido motivo de admiración y objeto de escritura. Los paisajes del continente americano constituyen las tradiciones literarias de toda Hispanoamérica, apreciables en la narrativa regionalista, la dimensión telúrica de muchos poetas del siglo XX o los numerosos ensayos en los que la búsqueda de la identidad nacional culmina en el encuentro de la naturaleza. Este eje suscita un estudio de las diferentes corrientes literarias hispanoamericanas focalizado en la naturaleza, así como ilumina la incógnita de si la naturaleza se apaga como gran tema cuando llega la urbanización, los tranvías y la modernidad tras la primera Revolución Industrial. Asimismo, cabría reflexionar sobre la manera en que la literatura expone problemas actuales –y que no lo son tanto si tomamos como referencia el inicio de la fagocitación de la cultura amerindia por el saber occidental iniciada con la conquista– como la extinción de etnias, la difícil supervivencia de las lenguas indígenas, el éxodo o el cambio climático. Vehicu­lar sentimientos y emociones hacia lo que se suele llamar «naturaleza muerta», hacia los animales salvajes o hacia los «residuos» de la acción civilizadora parece difícil de canalizar por esa idea de que estas realidades no son sujetos sino meros objetos a disposición del hombre. Es en este punto cuando las lecturas ecológicas han debido girar hacia la etnoecología para reivindicar las sabidurías tradicionales, rescatando los saberes ancestrales americanos y poniendo en valor la conexión mística del hombre con la naturaleza y con los otros seres vivos a la cual sirve la fabulación encarnada en textos tradicionales y literarios. En este sentido, resulta de enorme interés situar el foco sobre la literatura y la creación de los pueblos indígenas -la poesía mapuche o la literatura quechua, por ejemplo-, donde la relación con el planeta constituye un eje medular desde tiempos inmemoriales hasta nuestros días.

4. Visiones otras ante la crisis de la naturaleza: las distopías del género Cli-Fi

Adam Trexler ha identificado la literatura del Antropoceno con las ficciones del cambio climático, el nuevo género literario conocido por sus siglas anglosajonas Cli-Fi –ficción climática en español–, aludiendo a un género que tanto en la literatura como en el cine presentan una sociedad distópica, esto es, ficticia e indeseada, con problemas relacionados con temas climáticos como el calentamiento global, el deshielo de los polos o la contaminación como recursos épicos. Al tiempo que representa un acercamiento imaginario a un presente y a un futuro no tan lejano, se desarrolla, no ya desde el descubrimiento, al modo clásico de la literatura de ciencia ficción, sino que lo hace desde la advertencia. La novela Plop (2002), de Rafael Pinedo, es un ejemplo de ello en la literatura hispanoamericana. El Antropoceno, al producir millones de refugiados climáticos, hace peligrar muchas de las promesas que contenía la modernidad: la idea de una vida mejor para la mayoría queda seriamente amenazada, así como el horizonte de una paz o de una posible comunión en torno a la naturaleza, que ya no se puede entender como potencial instancia de reconciliación, sino que aparece más bien como un casus belli, a la vez lugar y objeto de conflictos violentos. En esta línea temática, por tanto, se pretende considerar el potencial narrativo y las implicaciones estéticas de la noción de Antropoceno, y en particular, la pertinencia de dicha categoría aplicada a la literatura ambiental de los Sures, comprendiendo este concepto la ecocrítica meridional como un discurso que emerge a la vez dentro y fuera del marco epistémico occidental, formulando una crítica de las categorías de la dominación por el universalismo abstracto.

5. Nuevas narrativas del agua: naufragios y épicas del mar

Los océanos representan el 71% de la superficie de la Tierra, y toda la vida presente en nuestro planeta proviene del agua. El mar como protagonista es omnipresente en gran número de hitos y géneros literarios, tanto clásicos como modernos, desde la novela bizantina a la gran novela de viajes y aventuras que han cristalizado en la memoria cultural y literaria, y cuyos personajes han tenido una relación propia con el mar: Ulises y Simbad encarnan la aventura; Robinson Crusoe es el paradigma del hombre moderno atemorizado ante lo salvaje; Gulliver se presenta como un explorador de mundos extraños ocultos por el mar; MobyDick, ejemplo de épica y de exploración; y el viejo de El viejo y el mar que acabará vencido por la inmensidad oceánica. En medio de todos ellos, el mar de la aventura de los piratas de Stevenson, Salgari y Espronceda, y el de las obras de Julio Verne como precursor de la ciencia ficción. Los cronistas de Indias han sido los grandes transmisores de otra forma de vinculación con el mar: la exploración del Nuevo Mundo ha sido prolífica en relatos de infortunios y de naufragios en los viajes transatlánticos entre los siglos XVI y XVIII, los cuales, signados por la tragedia, han conformado una épica sobre descubrimientos y navegación, permeados, como en Fernández de Oviedo, Bernal Díaz del Castillo o el propio Inca Garcilaso por digresiones de naturaleza culta. Todas estas preconcepciones han sido puestas en cuestión por las «nuevas narrativas del agua», narrativas ficcionales sobre la naturaleza que reconstruyen conflictos de la historia reciente o bien son formadoras de un lenguaje que atesoran al tiempo que recuperan las sabidurías tradicionales. Siempre estaremos, en todo caso, ante códigos y construcciones culturales, ante estereotipos que deberemos deconstruir: el mar exótico no son ya los mares del Sur de Stevenson –el Tusitala de la Melanesia–, y el exotismo que inspiró a los viajeros románti­cos no es ya Grecia, ni España ni otros lugares ignotos, sino imaginarios artificiales en clave turística, esto es, como objetos de consumo más o menos estereotipados. Se trata, en suma, de poner en valor el medio ambiente, la herencia cultural y la lectura como partes insoslayables de un patri­monio natural y cultural a través de las ecoficciones y los imagi­narios del agua. En última instancia, el mar en su inmensidad es, como en la novela Solaris (Stanislaw Lem, 1961), un espejo que nos devuelve nuestra propia imagen.

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